100.000 firmas de ciudadanos catalanes para que no se produzcan festejos taurinos en Barcelona y el resto de la comunidad autónoma, han hecho timblar los cimientos del toreo. Existen municipios cómo Coslada en Madrid, Basauri en el País Vasco y Castrillón en Asturias que se han manifestado antitaurinos. Estas prohibiciones han abierto el debate de si la fiesta debe recibir subvenciones públicas o seguir la vía privada. La conclusión es que los toros necesitan ayudas públicas para sobrevivir y las corridas pueden desaparecer sí la administración no invierte dinero.
Las autoridades públicas deben subvencionar la fiesta taurina porque es uno de los grandes valores artísticos que posee España. En muchos países del mundo, la imagen de nuestro país se asocia a los toros y al baile flamenco. Los patrimonios culturales que tiene España deben ser potenciados y el Estado o las diputaciones invertir dinero. Un espectáculo con siglos de arraigo en todas las ciudades importantes debe recibir el apoyo de la fuerza política dominante.
Reciben subvenciones públicas los equipos de fútbol con la calificación de sus terrenos, las ferias e incluso, grandes obras arquitectónicas. ¿Porqué no ayudar a los toros? Su éxito es incuestionable, año tras año aumentan el precio de los abonos pero las grandes plazas siguen presentando el cartel de no hay billetes. La mayoría de los días que duran las ferias. Las subvenciones públicas las pagamos todos los ciudadanos y muchas personas que se muestren contrarias al mundo taurino y su concepción artística, tienen el derecho a mostrarse críticas pero también es cierto que, en muchas ocasiones, ese dinero se invierte en tranvías o cualquier otro tipo de acción que no tiene el apoyo unánime de la sociedad. Por tanto, las subvenciones deben abarcar un amplio abanico de propuestas dirigidas al pleno desarrollo de los intereses culturales y sociales de la ciudadanía.
La problemática no sólo alcanza a las provincias, los pueblos albergan capeas, festivales y tentaderos. Hace unos meses, en la localidad Sevillana de Dos Hermanas se produjo un hecho insólito en Andalucía. El alcalde prohibió las corridas de toros. Los toros dependen de las diputaciones y dependiendo de quién gobierne en cada lugar de España, la autoridad decide. Puede ser un precedente peligroso. La finalidad que envuelve a estas decisiones es realizar la pregunta ¿toros sí o toros no? Más allá del dinero, el animal totémico causa amor u odio, algunos lo ven como tortura y otros como arte. Esta prohibición esconde la idea de acabar con la fiesta que tienen las asociaciones de animales. Es difícil que esta tradición tan arraigada a través de calles, homenajes, películas, misticismo y libros deje de tener un lugar preferente en la sociedad española. Quizás, lo mejor sea preguntar a los ciudadanos de cada comunidad si quieren subvencionar la fiesta en forma de referéndum, como ocurre con los ciudadanos norteamericanos que deciden las leyes de cada Estado a través del voto. Ya se intentó acabar con el toreo en otras ocasiones pero siempre resistió. Ahora tiene una nueva cita con su historia. Presidente, merece dos orejas y lidiar el sexto toro.


